miércoles, 15 de octubre de 2008

Verbos

La ausencia no es un verbo transitivo,
pero podemos conjugar
su escarcha
y declinar el laberinto abstracto
de sus ríos.

Solos, presintiendo que nos presienten,
pensamos en el otro
y pensamos que él nos piensa
porque apenas somos eso:
desafíos entre diatribas,
vocativo absuelto en medio de ese miedo,
apenas dueños de una certeza que hemos descubierto:
el uno llega al otro amaneciendo,
insomne,
se amanecen y se funden, -momentáneos infractores-,
en esa luz complementaria
donde la caricia iniciática,
dictada en el desvelo,
es la única ley
que sostiene la gravedad de su impaciencia.

La espera, en esta piel,
tampoco es verbo conjugado.

Juan Manuel Bonilla Soto

Las palabras y la piel


La contundencia de las palabras

no radica en su pronunciación;

el anuncio y la promesa

son laberintos fortuitos

perpetrados en el azar,

pronósticos ambivalentes

en espera de verificarse en la piel,

o desmentirse en el olvido.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Los caprichos de la carne


"¿Cuántos vértices tiene un triángulo? ¿Tres, seis, nueve? ¿Y qué sucede cuando esos vértices comienzan a girar, primero como un jego y después como aspas filosas destruyen todo a su paso, alcanzándose, montándose una sobre la otra, hasta disolverse en un continuo no ser?"


Con esas palabaras de MARCEL SISNIEGA se desata la emoción; se desata el momento previo a la emoción y es justamente ahí cuando el azar disuelve su apariencia para dejar de no ser. Es el momento en que la voz de sentencia que hay detrás de cada "tercera llamada, tercera" deja sus espectros en una realidad de luz y en un espacio hertziano en donde la voz del actor es un verdadero truco de ventrílocuo y habla nuestra sinrazón, es cuando el espectador toma conciencia del limbo en el que se extravía y da cuenta de su desorientación.

Mensajeros de nosotros mismos, con nuestra porpia voz, acudimos con puntualidad a la revelación. Es necesario invocar un prodigio óptico para que nuestro estrabismo sintonice su mirar con voluntad de cíclope y conciliar el acto hipnótico con que el vértigo nos posee y nos deja ver a través del Ojo de Selene lo que antes no pudimos presentir.

La voz de Sebastián no admite concesión "Díme cómo pasó", suplica con una voz imperativa que ha dislocado el eco de su esperanza en una especie de asfixia que en realidad quisiera no escuchar. Pero Ernesto, satisfecho hasta donde no, aprovecha la sequía espiritual de su interlocutor para desatar la tempestad de esa confesión. "En la playa fue", fue ahí la primera vez y pude constatar la redondez de la Tierra en la simetría de sus senos que irradiaban resplandor y tentación.

La palidez que enmarca el desparpajo de Mariana para deambular entre los labios de los dos es directamente proporcional a la zozobra y el descaro en los que Sebastián y Ernesto debaten el rumbo de su conmiseración.

Pero el verdadero milagro estaba por ocurrir o acontecer, si es que los milagro acontecen u ocurren y Matilde (Zazly Anguiano), Matilde, por el amor de dios, logra el prodigio de encontrar la aguja en el pajar y sólo ella, nadie más, puede deslizar el camello por ese ojo del aparente azar con el que la perfecta proporción de su desnudez juvenil produjo un nuevo big bang y un nuevo orden universal....

Lo que uno puede ver en "Los caprichos de la carne", obra límite (como la califica Sisniega) de Martín Zapata es ese verdadero querer hacer; es un teatro que no se deja complacer o agobiar por algún tipo de yugo ni está dispuesto a ruborizarse frente a ninguna inquisición. Es un teatro que lleva el desafío a niveles de creación que no admite lisonja previa que lo orille a callar.

Es un teatro que dice, pero también es un teatro que hace; es un teatro que como en muy pocas ocasiones pudo resolver la ecuación que permite conjugar en un mismo plano escenográfico y vital el aparentemente irreconciliable "del dicho al hecho" y nos demuestra que entre uno y otro en realidad "no hay tanto trecho": acaso el resquemor de un miedo capital que tanto a Ernesto como a Sebastián, bajo la oficiosa lujuria de Mariana y la absolución que Matilde es, los deja en libertad para compartir la piel, para transfigurarse en la perpetuidad espasmódica del escalofrío, para elevar el Pecado a nivel de Gracia o de Virtud, por supuesto, igualmente, capital.
***Obra de Martín Zapata presentada en el marco del III festival Otras latitudes 08, en el Teatro Julio Castillo, del Centro Cultural del Bosque los días 2 y 3 de septiembre.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Pausa

Anatomía de la superstición
Juan Manuel Bonilla Soto

(2:45 hrs)
El insomnio la anuncia. Cada minuto es un heraldo prófugo de Jericó. La penumbra impone su toque de queda a los sentidos que de alguna forma se encuentran abatidos. Posiblemente alguna cabañuela abandone los augurios monásticos que le hubieran asignado en el calendario.

Entonces la impaciencia despoja sus palpitaciones de todo antifaz y se instala con la frialdad escultórica del presentimiento como una estatua carente de pedestal y de prejuicios.

(3:15 hrs)
Su contoneo indescriprible conjura cualquier afán que pudiera tener de sasignarle algún calificativo a sus caderas. Tengo la cereza de que los últimos retoques dictaminaron el resplandor de su leviatación.

(4:38 hrs)
Este escalofrío no es un presagio, acaso el eco de su esgridencia y de su oráculo; su gemido, el recuerdo de su gemido es un sacramento, un proverbio que se amotina y transfigura en constelación de palomas, en mellizas de su ausencia.

(5:00 hrs)
Es horario de verano.

(5:12 hrs)
El badajo de la espera desata sus pasiones, disgrega sus miedos en un horizonte que carece de catálogos, de pormenores y de promesas.

Estiro el brazo y no la encuentro, apenas quedó la sábana impregnada de un sudor que no es únicamente de mi cuepo, de algunas efemérides que no surgieron de mi imaginación.
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Es hora de ponerle fin al culto del instante. Sólo encuentro una parodia en la bitácora. Se que su mandato exige -y seguramente tendrá- parte de mi pensamiento diurno. Por supuesto qu no lo quiero lamentar después. (5:59 hrs).

martes, 5 de agosto de 2008

Seimayi Kurnicova III


Seimayi Kurnicova III

Ella es el segundo ejemplo conocido de un espíritu encarnado, por lo menos, después de la Transfiguración del Espíritu Santo (y el verbo se hizo carne) convertido en el cateto que faltaba para sellar de manera impermeable el triángulo de la devoción que mantiene el rebaño pastoreado por Benedicto XVI, Benedicto en latín significa “el que bien dice”, aunque en realidad este no dice nada, bueno, si lo comparamos con todo lo que dijo el políglota Wojtyla, el mismo que pidió perdón por los crímenes que cometió su iglesia cuando la Inquisición y que batió récord en el hit parade latino santificando mártires e inditos. ¿Recuerdas aquel cine de Insurgentes Norte, allá por Lindavista que simulaba los castillos Disney World y que en ellos venerábamos a Mikey Mouse encabezando una corte de ídolos paganos? Pues ya sabrás que ese atentado de herejía gabacha fue derrotado por la intervención del Sumo Pontífice del que hablamos y en sus ruinas edificó el santuario para que Juandieguito descanse cuando sus caminatas de Izcalli a Tlatelolco en búsqueda de curas para Bernardino, pero te decía que su apabullante verborrea, la de Juan Pablo, terminó en balbuceos incomprensibles a bordo de su papamóvil, ¿te acuerdas? Desde ese testimonio hebreo de encarnación poco se sabe, por lo menos no lo sabe tanta gente, que otro verbo se haya convertido en carne, pero la encarnación de ella tuvo otra misión: no le importaba tanto buscar la redención espiritual, sino el patrocinio del placer, y es precisamente ahí donde se fincan la fortaleza secular y las proezas caritativas de su ministerio: en su inagotable afán por dar y recibir placer.
La síntesis que explica su doctrina tiene origen en el mandato bíblico que no sabemos si con intención imperativa o suplicante establece "dejad que las niñas vengan a mi" y ella, niña buena, no sólo viene a mi, sino que se viene con nosotros, en nosotros, llenándonos así todos de gracia en ese acto de fe. Porque si no es con soberana fe no se como le hacía, era un verdadero milagro estar entre sus brazos, entre sus sábanas, o entre las mías, ¿qué importancia tiene aquí la propiedad de quién? Y por eso fue muy criticada, qué aberración, dios mío, qué aberración, cuánta maldad encierra esa condena, cuánta envidia (pecado capital) en maldecir ese acto de amor, de amor y fe.
Yo creo que tanta mojigatería la llevó a capitular frente al confesionario, pero lo bueno es que solamente ahí capituló. Por supuesto que cumplía con las penitencias que se le imponían, pero ella, convencida de su misión aquí en la tierra, después de los rosarios impuestos reincidía ante nuestra devoción hasta que otra vez otra voz la convencía y ahí está de nueva cuenta ante el amor y ante la confesión y es que esta muchacha es verdaderamente intrépida, intrépida o suicida, porque dime, ¿a quién más se le ocurre soltar en el confesionario ese secreto que ni sus íntimas le arrebataron? Y mira que me consta lo que hubieran dado por escudriñar sus perversiones, sus cochinadotas, como ellas les decían, y aunque nunca constataron nada, por mucho tiempo su curiosidad estuvo en vilo y su morbo gravitando como ascua en la órbita de su cachondería. Y cómo no, si entre las precoces de su tiempo ella fue primero, anticipada, curiosa, traviesa y eso, a fuerza te convierte en ídolo y ejemplo. Pero te decía que su atrevimiento no conoce límites, no dudo ni tantito que el párroco estuviera al borde del colapso, tentado por la pederastia, mientras escuchaba lo que más que acto de contrición semejaba el testimonio pornográfico de una malvada, de una oveja descarriada y mal interpretada, condenada de antemano a una como excomunión que por supuesto carecía de lógica y sustento, porque ella no hacía algo diferente que seguir obedeciendo las proclamas bíblicas, o dime tú ¿desde cuándo amar a los otros, así, en plural, se convirtió en pecado? ¿No es ese "amaos las unas a los otros", como la venida de las niñas otro mandato de Jesús? Ella es lo único que hacía, multiplicar y repartir su amor entre los otros como un gesto más piadoso -y nutritivo- que el milagro de la multiplicación aquella de los peces y la enseñanza del arte de pescar en lugar de dar pescado y no sólo nos amó a casi todos, sino que nos enseñó su arte, convencida de que amarnos y dejarnos en el desamparo sería un acto de crueldad, más que de caridad.

Seimayi Kurnicova IV


Seimayi Kurnicova IV

Sí, podemos decir que se trata de una realidad aparte, pero es justo ahí en donde los charlatanes se descubren. Hay muchos que tienen cierta idea de le que se trata, como tú, tú que te atragantas con las cinco líneas que leíste de "las enseñanzas de don Juan", y no aprendiste más que pura madre, te decía que algunos tienen cierta idea pero sus espíritus no están preparados, no se puede llegar a la flor así nomás como si nada, la purificación es lo que nos distingue. Sí, ya se que me espetarás el argumento que acostumbras, aunque, para ser honesta, hace mucho tiempo que ese alarido perdió categoría de argumento, las primeras ocasiones que lo usaste la neta sí me sacudió, hasta que llegué a la cuenta de que sí, de que yo no era más que una viciosa, y fíjate muy bien que aquí no digo adicta, sino viciosa, y esto la verdad suena más feo, porque los adictos por lo menos tienen la esperanza del centro de rehabilitación y el consuelo de su terapeuta, pero un vicioso... Y mucho peor una viciosa. Y eso, nuevamente la verdad sea dicha, no estoy muy segura si me aterraba o si me conmovía, pero de lo que no hay duda es de que despertó en mi esa reflexión que me hizo distinguir entre los iniciados y entre los farsantes y yo, como tributo del ayuno y de otras privaciones pude llegar purificada al acto, o sea que no soy de esos charlatanes que por haber leído un poco a Castaneda casi se auto proclaman los chamanes de la banda, los ayatolas del barrio. ¿A poco pensabas que mi nombre, mi segundo nombre, el de batalla, Seimayi, es puro capricho del folclore? Pues ya ves que nanáis, me llamo así porque el ayuno me convirtió en doncella, porque yo sí pude estar en esa Ceremonia y no pienses que estuve como oyente, estuve como Seimayi, como la doncella elegida para recibir la flor, la primera flor, por la que se caminan tantos días y se ayuna tantas lunas. Pero te decía que sí, que parece que esto sí es una realidad aparte, pero nos quedamos cortos, no se trata de una, sino de realidades múltiples, realidades que si acaso y de manera tangencial se cruzan y fíjate que no digo se mezclan, sólo se cruzan, no caminan juntas, no se funden, no son como las líneas paralelas que, si bien es cierto que nunca se juntan, tampoco se separan, esas podemos decir que son realidades semejantes, las otras son ajenas, únicas, aparte. Pero el ayuno también me hizo un poco humilde y la verdad te mentiría si te dijera que siempre fui Seimayi, no, que va. Mi primer encuentro con Catorce fue de polizón, polizón, jijiji, que palabra tan chistosa, yo siempre la relacioné con buques de vapor, con las aguas del Pacífico y el Atlántico, con pránganas que no compraban su boleto para el viaje y se escondían en los rincones más infectos de la embarcación con la complicidad, acaso, de alguno de los cocineros que previamente renunciaran a la tentación del sable y la pipa reservados sólo a un capitán. Sí, me fui de polizón o polizona, que suena todavía más chistosito, pero qué querías que hiciera, sí los iniciados para esa peregrinación ya estaban seleccionados y completos.
La verdad yo no pensaba ir pero ya ves como es Froilán, inquieto, de repente jipi y súper mariguas, pachecote pues; él fue quien me inició, en ceremonia clandestina porque ya ves que él no era chamán, ni guía, ni acompañante: era apenas iniciado pero ya era un infractor que no pudo resistir la tentación del vuelo frente a la de por sí tentacionzota que yo soy. Lo conocí en el parque Independencia, jardín, le llaman los norteños. Te platiqué, ¿no me digas que también se te olvidó? Bueno, eso ya no es novedad. Pues sí, estaba yo sentada en posición de Loto y mis colguijes sobre el manto de percal, esa tela multicolor que parece la hubieran bordado o tejido con la policromía de los huicholes, pero que sale muy barata en Parisina, ya sabes, yo vendía bisutería manual, chaquiras, canutillos, listoncitos, piolas y cáñamo para tejer trencitas, pedrería y ámbares dizque de Chiapas, pedazos de algún cuero comprado en las peleterías de Tepis, cera de Campeche para rastas, anafres diminutos e incensarios de caoba y ya qué más te digo, artesanía jipiosa, pues, ya sabes.
Pero lo que no puedo omitir es esa pipa, era legítima, de hueso bien labrado, grecas y caracoles dominando la decoración, pura finísima labor, y para amenizar, pues ya sabrás, como si aquello fuera la hora de las complacencias en mi sanyo, aquella que todavía no leía mp3, pura wab, pero nada que paraba el reggae, Anastasio y los del monte, Guacamaya urbana, Bajahreke, Alam Rasta, Cultura profética, Hierbabuena Kajahla, y el bajo de Boby Babilón, llena de gentilicio regional, sin subirle todo, apenitas el volumen suficiente para no eclipsarnos con los decibeles de redobas y tamboras, ya sabes, que don Cruz Lizárraga con su Recodo y Los tigres del norte, mientras One Love, One Herat/ Let's get together and feel all right/ Hear the children crying (One Love)/ Hear the children crying (One Heart)/ Sayin' give thanks and praise to the Lord and I will feel all right/ Sayin' let's get together and feel all right... Bob Marley por acá y zaz, que cuánto por la de allá, pero decir que 'la de allá' define nada, o todo, como nos convenga, por lo pronto yo me hice medio güey y le dije que la ancha costaba veintidós y la angosta diez y seis, pero dijo que no, que esas no, e insistió con que su aquélla, pero el reclamo resultó igual de abstracto que su primera invocación. Y es en esta parte en donde si me pensabas loca ya no te quedará ninguna duda, pero ¿qué querías que hiciera si a esa pipa le tenía su cariñito? Pues ahí tienes que empezó un regateo de aquellas, una verdadera puja, decía él sintiéndose héroe en casa de subastas: "noventa y cinco pesos, dice el joven, noventa y nueve a la una, noventa y nueve a las dos, noventa y nueve a las...", esperen un momento, por favor, la señorita del huipil -esa soy yo- ofrece ciento diez..." vendida al joven de las rastas, qué gran adquisición... Y sí, ya te decía que esa pipa de marfil fue la causa de que me iniciara en el ritual, de que le tuviera su veneración, de ser Seimayi, la doncella que tiene el mérito y el privilegio de recibir la primera flor.
¿Que Froilán cómo se conectó con ese clan? De principio déjame aclararte que no somos ningún clan, somos iniciados, somos gente que por su convicción nos hemos integrado a la comunidad, somos gente que renunció al demonio de la tentación de consumir peyote sólo por placer, somos iniciados para quienes el sabor ritual de masticar la flor es una revelación más que una locura, buscamos la sintonía espiritual de nuestros sentidos con la temperatura proverbial del cosmos, pero de un cosmos previo al que resultó del caos original. Nuestra travesía no está expuesta a naufragar porque el temperamento de nuestras arterias, en su polivalencia nos aleja de la mortalidad y en ese momento somos dios, todos nosotros transformando nuestra diversidad en la presencia singular de dios: somos dios.

martes, 29 de julio de 2008

Seimayi Kurnicova II

Del encontronazo con Chabela, ¿De dónde si no me iba a surgir esa necesidad para multiplicarme?¿No sabes quién chingaos es Chabela? Está bien, te lo diré de nuevo, aunque estoy segura de que te aclaré la misma duda cuando te presenté con Eva, ¿a ella sí la recuerdas? Mira, la clase a la que Chabela pertenece no admite tuteos, y menos con pránganas que sustituyen la turbocina o el queroseno para elevar sus sueños por el prodigio de esta yerba milagrosa, pero dejemos de lado la manera en que cada quién resuelve su necesidad de vuelo, porque tú ya bien conoces el combustible de los míos. Te decía que desde que la vi pronunciando la primer palabra supe que las dos nos andábamos buscando. Sí, ya se que piensas que estoy loca o que traigo un pinche viaje de esos sin escala que tanto te horrorizan, pero de nuevo te equivocas y ninguneas mis méritos socializantes, si la tuteo es porque ella lo permite y por el derecho de ejercer la democracia y la igualdad por la que su tío dio la vida, o se la quitaron, en el Palacio de la Moneda allá en Santiago. ¿A poco pensaste que también renunciaríamos a eso de fraternizar con las familias de abolengo para que los milicos siguieran ondeando sus putas banderas de victoria como si nada o como si nadie? Pos ahí si nomás ni madres fíjate, nomás eso faltaba. Pero hay otra razón y esa nada más nosotras lo sabemos, y aunque nos lo callamos, las dos sabemos que la otra sabe. Y en este punto no te hagas pendejo, porque tú también lo sabes y hasta dijiste que era cierto, que esa pinche vieja -bueno, tú fuiste más decente, esa señora, dijiste, era la mera neta y también dijiste que encontrabas en las dos un algo así como una especie de hermandad, algo como una sintonía internacional o no recuerdo que mamada de ese estilo. ¿Ya te acordaste? No, si te digo, estás carbón con la memoria que te cargas y luego sales que con la muerte de las neuronas por fumar mi porquería, ya quisieras un kilito de mis súpergigabytes. Ándale, ándale, ya casi le atinas, Chabela es esa amiga a la que en sus viajes le da por transformarse en médium y hablar con sus ancestros, con los Espíritus; sí, a la misma que le da por ver la forma en que Pedro pudo escaparse –con la intervención del Senador, claro está, y sobrevivir a la maldad de los gorilas bajo el mando de Pinochet -pinche Pinocho Pinochet, tan chingón que se sentía con los dólares y los asesores con que la CIA le subsidiaba la codicia, ese, el cínico hereje con una vocación teológica sacada de no sabemos donde que se auto comparaba con San Pablo y que con las palabras de ese apóstol buscaba encontrar perdón anticipado a sus atrocidades: “Yo creo lo mismo que San Pablo, Dios nos eligió para cumplir misiones y nos facilita el camino para que se haga lo que Él mandó.”, pero el muy milico no contaba con la astucia de Garzón, ese contradictorio y raro juez de España con nombre de rey mago que en lugar de Epifanía fue para el dictadorzuelo el Pilatos que no se conmovió con su argumento de locura y se lavó las manos en el mismísimo aguamanil donde el senil gorila quiso expiar los crímenes de su voracidad.